The Hellraiser Free Rpg + 18


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EMPLAZAMIENTO Y SITUACIÓN
Rusia, Moscú~ Año 2014. Desde la antigüedad los humanos han convivido con seres sobrenaturales, sin saber de la existencia de estos. Dichos seres han sido llamados desde antaño como "Otros" (Иные). Entre estos mismos existen enormes diferencias, que parecen acentuarse aún más con el paso de los siglos, separándose en variadas razas que poco a poco algunos hombres iluminados pudieron comenzar a identificar, dejando testimonio de esto en antiguos manuscritos. Los llamados otros mantuvieron durante centurias una tregua, con la cual prometían jamás mostrarse ante un humano en su forma real, y aunque siempre hubieron ocasiones en que un otro rompía la tregua por motivos de fuerza mayor~ Hoy en día muchos han decidido romper la tregua en beneficio propio, poniendo en peligro a toda su raza y abriendo los ojos de la humanidad. Este es el juego de las apariencias y muchas veces engañan ¿Serás capaz de confiar?.

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[Cerrado] El Gorrión

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[Cerrado] El Gorrión

Mensaje por Invitado el Sáb Feb 21, 2015 4:38 am

Santo infierno. El final había llegado. La ineludible realidad de morir estaba sobre aquella mujer. Ninguna salida esta vez. Nada que se pudiera hacer, ninguna batalla que emprender. La muerte no sería un concepto abstracto, sería un acontecimiento muy real e inminente…
Shizen presionó sus sienes para alejar aquel recuerdo, volviendo a la realidad ante el adorable palpitar de violines, la orquesta de cámara se deslizó hacia un vals, y observó a la brillante multitud incorporarse al salón de baile. A su alrededor, hombres y mujeres se juntaban, las manos se unían, los cuerpos se encontraban, las miradas se enlazaban. La mezcla de una docena de diferentes variedades de esencias de perfumes llenaba el aire con una dulce fragancia. Respiró por la boca, tratando de no inhalar tanto de ella, pues aquel aroma, tan cargado era como el sonido del tránsito a la hora pico, congestionado, perturbador y extremadamente molesto. Intentaba no observar a una mujer, que portaba un collar de diamantes, tenía uno muy grande pero que portaba una mella, a los ojos no acostumbrados a ser tan minuciosos como los de ella pasaba desapercibido, pero al hada, a ella le había disparado un recuerdo poco placentero, pues sabía que aquel collar lo había portado alguien que conoció una vez en Japón. La mujer que portaba el collar hablaba de la subasta donde lo había conseguido, escuchar aquello le dio náuseas y prefirió salir de allí.

Con las manos temblando y los labios apretados, se recogió la pesada falda del vestido y se dirigió hacia el gran arco del salón de baile. La salvación estaba justo allí afuera en el vestíbulo, y abrió la puerta del salón de descanso de damas con una oración. El aire que le dio la bienvenida olía a fresas y perfume y dentro de los brazos de su invisible abrazo había… sólo silencio. La tensión se mitigó un poco mientras entraba y miraba alrededor. Siempre había pensado en estos particulares baños de las mansiones europeas como vestuarios lujosos para debutantes. Decorados con un motivo de la Rusia zarista, la salita rojo sangre y el área de vestir estaban equipadas con diez cómodas a juego, cada estación de maquillaje tenía todo lo que una mujer de alta sociedad pudiera necesitar para mejorar su apariencia.

Extendiéndose detrás de la sala de descanso estaban los cuartos de baño privados, los cuales estaban todos ricamente decorados, se mordió los labios y se inclinó para examinarse el cabello en uno de los espejos. La extensión castaña, llegaba a la parte baja de la espalda cuando, estaba arreglada con precisión de relojero, los hilos de perlas entretejidos por su sirvienta exactamente donde habían estado cuando bajo al baile. El vestido color gris paloma era un clásico Balmain. Los zapatos eran nuevos de Stuart Weitzman, aunque nadie podía verlos ocultos debajo de la falda larga hasta el suelo. El collar, pendientes y gemelos eran de Tiffany. Perfecta en muchos sentidos, pero su mente era un total caos.

Con las manos temblorosas y las piernas como un flan, anduvo tambaleándose hasta uno de los baños y se encerró dentro. En su camino al inodoro se tropezó con el lavabo, y abrió el grifo para que el agua ahogara los sonidos de su áspera respiración por si acaso entraba alguien. Luego cayó sobre las rodillas y se inclinó sobre la taza de porcelana. Tenía náuseas y se sintió desdichada, de la garganta trabajando a través de secas arcadas, no salía más que aire. Le brotó sudor en la frente, bajo los brazos y entre los pechos. Con la cabeza dándole vueltas y la boca abierta luchaba por aire, mientras pensaba que se moría y no tenía a nadie que la ayudara, que aquel recuerdo disparado era un aborrecido objeto como un enjambre de abejas… abejas en su cabeza, zumbando, picando… causándole la muerte… pensamientos sobre abejas… Pensamientos sobre aquella mujer… Sangre…Dolor…Fuego

Flashback
Año 1905

Shizen, cincuenta años luego de escapar, había recorrido toda la naturaleza que llenaba su ser, por todos los lugares en los que, desde su nacimiento había estado limitada, hasta llegar al lugar que separaba lo conocido de lo desconocido ¿valía la pena seguir? Claro que lo valía, no quería un mundo limitado, quería ver más, porque sentía que lo merecía.

En aquella época la guerra Ruso-Japonesa era el punto fuerte de los lugares por donde transitaba, tuvo que robar ropa para poder caminar, ciertamente tenía un aspecto deplorable en aquel tiempo, una fierecilla que evitaba el contacto,  hasta que una mujer rusa le observó un día, fue aquella mujer la que, de alguna manera le dio un gran vuelco a su vida.
-Necesito una dama que me acompañe.

Shizen sólo le observaba, era bonita, rubia, de ojos azules y expresiones un tanto duras, no sabía que responder, pues en realidad no conocía aquel término.

-Sígueme si quieres dejar de estar con esos harapos.

La rubia empezó a caminar con paso decidido. El hada observó sus ropas, realmente no era para nada bonito y sus manos estaban llenas de mugre. La rubia ya doblada una esquina cuando decidió correr para alcanzarla, se dirigía a un puerto. Aquella dura mujer volvió a observarla y sonrió, como si supiera que le iba a seguir  desde el principio.

Decidida a no dar vuelta atrás se subió a aquella embarcación, junto con aquella mujer, no sabía la razón pero sentía que podía confiar… O quizás se debía que, a pesar de todo era relativamente ingenua en aquel momento.

La mujer le llevó a una habitación donde había una tina, grande, sólo para ella. La dama le decía que se desvistiera y que se metiera allí, le insistía mucho en el asunto de estar limpia. El asunto es que no quería desvestirse delante de ella, no por vergüenza, sino porque no quería que llegara a tocarle.

-Te ayudaré. –Dijo la mujer y se acercó, a medida que lo hacía Shizen se alejaba, recelosa. Cedió y dejó que aquella mujer rubia posara la mano en su hombro.-

El hada observaba anonadada como aquel contacto, a diferencia del último que lo hizo, fue agradable, tenía la textura de un gorrión y la calidez que portaba el ave cuando lo sostenías entre las manos, al punto en que casi sentía el palpitar agradable y delicado del animal. Dócil, se dejó acicalar por la contraria, que peinara sus cabellos y lavara su rostro.

Había alejado a muchas personas en el tiempo que llevaba vagando, por esa razón todos huían de ella, pero aquella mujer, la única que se había acercado y logrado tocarle, sabía que se iba a quedar para siempre en su vida.

A partir de aquel momento, Shizen viajó con aquella mujer a todos los lugares que esta iba, vestía únicamente lo mejor, había aprendido, en cinco años era una chica culta, refinada, de excelente hablar. La mujer que le había adoptado no se separaba de ella, pero su lección más importante vino un día que, uno de los tantos amantes que tenía la rubia decidió dejarle, no soportaba compartir a aquella dama, el drama que armaba aquel caballero era tal que amenazaba con quitarse la vida delante de ambas.

-Si lo que deseas es morir, hazlo… Pero no delante de mí, y no en mi alfombra, no quiero que la ensucies.

A Shizen le impresionó aquella frialdad. El caballero se fue sin más, sabiendo que no obtendría nada si seguía insistiendo-

-¿no le preocupa lo que ese hombre hará? –Preguntó el hada, luego de sentarse frente a la dama.-

-Debes aprender a conseguir lo que quieras de los hombres, no arrastrándote, sino haciéndoles creer que tienen el control. Ese el arte de ser mujer, querida. Debes aprender a obtener lo que deseas sin importar que hacer para conseguirlo. Y lo que te digo, no sólo aplica a los hombres, aplica a todas las personas.

Aquello le puso a pensar, realmente, aquella frase se había quedado marcada en su mente como si hubiera sido hecha con un fierro ardiente. Decidió salir y pasear por las calles de Münich. Estuvo dos horas caminando, regresó a la casa donde residían, su sorpresa fue encontrar el lugar en llamas.

Corrió, por primera vez asustada y preocupada por alguien más que ella, el lugar todavía parecía estable y entró, buscando a la mujer que le había cuidado por todo aquellos años. Escuchó un grito ahogado y se dirigió a este, efectivamente allí estaba la mujer, cubierta de sangre, la habitación en llamas hacía del lugar un sitio agobiante, tosía y se ahogaba. Intentaba levantar a la mujer, pero era peso muerto, la rubia estaba herida y llena de sangre, el asunto es que intentar detener la hemorragia era algo inútil, todo su torso parecía un colador por las múltiples cuchilladas que había recibido.

-Fue el… fue el… -murmuraba la mujer moribunda-

Shizen la tomó de los hombros y empezó a arrastrarla mientras todo crujía a su alrededor.-No importa quien fue, hay que salir de aquí. Decía entre dientes, mientras la desesperación crecía en su interior. Logró llevarla hasta la entrada de la casa, pero ya era tarde, la mujer daba sus últimos suspiros. Incluso con la muerte sobre ella se veía hermosa, con su enrome collar de diamantes.

-¿Sabes que es gracioso? Yo lo amaba. –Murmuró la mujer en brazos del hada.- Y el me hizo esto. - Su mirada azul aún estaba fija en ella, se estaba nublando, había dejado de luchar. Santo infierno. El final había llegado. La ineludible realidad de morir estaba sobre ella. Ninguna salida esta vez. Nada que se pudiera hacer, ninguna batalla que emprender. La muerte no sería un concepto abstracto, sería un acontecimiento muy real e inminente. No le importó nunca la muerte, nadie le importaba, pero las sensaciones de esa mujer permanecerían para siempre en sus recuerdos, era su gorrión… su gorrión muerto.

Fin del flashback

Evangeline… Mi gorrión… -Murmuró poniéndose de pie, recobrando la compostura-

No le importaba que las personas no entendieran su forma de ver el mundo, ni la razón por la cual evitaba tocar a las personas. Las personas se iban, como su gorrión, podían irse de la forma más miserable y esos recuerdos se mantenían en ella, los objetos eran una cosa sencilla delante de lo complicado que era un ser completo y las sensaciones que estos llevaban consigo.
Se había vuelto como era por Evangeline, la muerte de esta le volvió desconfiada, pues prefería dar el primer golpe a ser quien lo recibiera.
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